El pajúo sentado en la entrada

Los vigilantes estarían representados por el primer homínido de izquierda a derecha

Ciertas experiencias me hacen darme cuenta (mejor dicho: me confirman) que, efectivamente, no todos los humanos que conviven en el mismo espacio geográfico que yo, estamos en la misma escala evolutiva. Y, aparte, la estupidez humana hace que muchos de estos inviduos infraevolucionados se jacten de cosas totalmente surrealistas, y anden con actitudes de mierda sin que nadie les patee la jeta como se lo merecen. Cosa a la que yo tampoco me atrevo, la verdad por delante, pero como buen cínico me voy quejando luego, cual perra llorona.

Pero siguiendo con el tema de la evolución (y tal), me he dado cuenta que hay un tipo de humano, o mejor dicho, una ocupación laboral, que te hace ser peor que un chavista. Algo que pensé imposible. Y esto es:

Ser vigilante de discotecas.

O como les digan, ya sabemos que en esos mundos de pocas neuronas le inventan cada mote a cada cosa. Tienen su propia jerga, pues. Pero vamos al asunto; por razones en las cuales no profundizaré, terminé (de nuevo, y por última vez, lo juro) (Manuel y Kevin, los odio) sumergido en uno de esos abismos putrefactos que llaman discoteca, o dance bar, si quieren decirlo con más caché. La cosa es que tan terrible tragedia derivó en que me encontrara frente a frente con estos especimenes mal encarados. La vaina no es pa tanto, lo sé, soy un dramático, pero es que la gente no para de sorprenderme con sus tonterías. Y yo soy un sociólogo infernal.

La escena sucedió más o menos así: yo, con un humor de mierda pero resignado, pagué mi entrada y luego me dirigí hacia el vigilante de acceso. El tipo me dice con una educación que no tiene ni la princesa Kate: “Pásame tu cédula”. Yo, atormentado por el espantoso ruido que venía del interior del local, no le escuché, y el carajo me grita: “¡QUE ME PASES TU CÉDULA, COÑO!”. Yo le eché una de mis miradas simpaticonas y le pasé mi documento a regaña dientes; el gorila mira la vaina con una expresión de pajúo y me la devuelve, por lo que continúo hacia otro vigilante que me pondría un sello en un brazo. La cuestión es que yo no sabía que él haría eso, así que cuando llego a su sitio no sabía que quería el susodicho. El tipo se queda parado, inmóvil, esperando a que yo hiciera algo, y yo, neófito, le entrego mi ticket de entrada. El australopithecus uniformado me dice: “no chico, eso no, dame pues” a lo que yo respondo: “¿Qué quieres?”, y el sujeto, en otra demostración de educación y cortesía contesta: “MIERDA, ¿TÚ ERES PRIMERA VEZ QUE VIENES PA ESTA VAINA?” (sic). Yo le respondí, ya picado por la actitud de estos seres inferiores: “Verga sí, primera vez que vengo pa esta mierda, gran vaina”. El vigilante sonrió burlonamente y me contestó: “Bueno, ahí dentro hay un barman especial para primerizos” y me colocó el sello en el brazo. Yo le respondí con una risa notablemente sarcástica y un “qué gracioso” y me alejé.

La vaina esta me puso a pensar (bueno, primero me imaginé agarrando una motosierra y partiendo por la mitad a esos dos infraseres despreciables, y quemando sus cadáveres y entregándoselos a unos perros callejeros para que saciaran su hambre con carne humana de baja calidad, grasienta y asquerosa producto del alto consumo de alcohol y comida chatarra. Para luego regresar a la discoteca y lanzar molotovs a diestra y siniestra, no sin antes trancar todas las salidas de emergencia y sentarme, afuera del recinto y con un cigarrillo en la boca, a escuchar los gritos desesperados de esos subnormales quemándose y pidiendo auxilio, y lentamente, notar como el ruido de mierda que ellos llaman música va apagándose más y más hasta quedar en completo silencio) ¿existe un sitio más despreciable que una discoteca?

Sí, sí, cualquier iglesia mormona (y se dan duro), pero… más allá de mi dramita con los vigilantes, yo esa vaina no la comprendo. Una discoteca es el sitio más incómodo del planeta, y siempre tienen una organización y un trato de mierda hacia los clientes de lo más deplorable. Son su sello de identidad: colas para entrar, problemas para conseguir donde estacionar el perol, vigilantes groseros y precios altísimos y absolutamente denunciables. Ni hablar de lo ESTÚPIDAS que suelen ser las aglomeraciones de gente de por si. Noche en discoteca en la que no suceda alguna trifulca no es una noche en una discoteca.

Y sin embargo, mientras esperaba para entrar al estacionamiento, veia gente en los portones prácticamente suplicando que los dejaran pasar, y claro, los vigilantes frustrados haciendo su agosto de mala educación. “Sacude perro, que ya no puedes entrar, vete pal coño”.

Yo no es que sea un gurú de la cortesía. Todo lo contrario, soy bastante mal hablado y directo, rozando lo obsceno con mucha frecuencia. Pero coño, a mi nadie me paga dinero para tratar con gente, por lo tanto, puedo ser con los demás como me de la gana. Parte de mi espantosa noche en ese local nocturno lo dediqué a observar a sus empleados, y prácticamente ninguno era medianamente civilizado con los clientes. Pero nadie se queja, todos se tragan la arrechera y siguen “rumbeando”. Todo con tal de estar en ese sitio tan de moda, que sus amistades los vean y piensen que son tipos de pinga y ellos puedan poner mariconadas estilo: “@kko”, “¡yo no quiero agua, yo quiero bebida!” en las redes sociales. Claro, con una ortografía mucho menos correcta. Patéticos. Si la gente promedio que asiste a esos sitios tuviera un mínimo de personalidad, esos empleados saldrían con una patada en el culo en 3 segundos. Por pajúos.

Pero bueno, que se puede esperar de gente que se aglomera para escuchar reguetón.

En cuanto a los monos de mierda estos, me recordaron a mis profesores de química, física y matemática. Gente con la que tratabas de tener una buena relación sólo por interés y que, como tenían la capacidad de amargarte el día, se las tiraban de arrechos pero al final sólo eran unos pendejos frustrados que laboraban en trabajos insoportables. Los vigilantes de discoteca se asemejan a un hombre de baja estatura que, por cosas de la vida, llega a un cargo de directivo: como logra cierta autoridad en un mundo donde siempre se ha sentido inferior, se afinca, y adopta actitudes soberbias que hacen que el resto del mundo lo desprecie y sea hipócrita con él.

Dicho de otra forma: esta es gente que si no fuera porque te tratan asquerosamente, nadie los notara en sus funciones. Y ellos se sienten (o se muestran) tan orgullosos. Pendejos… ¡pendejos!. Treinteañeros que no consiguieron un trabajo donde sean valorados por sus aptitudes intelectuales más que por sus capacidades físicas de camorra. Gafos.

Y otra cosa: ¿cual es el puto orgullo en ser visitante asiduo a una discoteca?… ¿cual es el orgullo en dejarse los reales en ambientes de mierda?. Primera vez (en realidad, segunda, maldita sea) que voy a una verga de esas ¿y qué? a mucha honra, y no pienso volver.

Eso se lo dejo a gente más cercana a los monos que yo.

El trabajo más interesante del mundo

PD: Ah, sí, he cambiado el nombre y dirección del blog. ¿Para qué limitarme a hablar mierda de Acarigua? ¡tengo mucha para repartir!

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3 pensamientos en “El pajúo sentado en la entrada

  1. Interesante! Aunque me cuesta aún creer que hayas asistido a una discoteca, y por segunda vez! Pienso que a la vez es bueno que hayas ido, pues mira, te dio una idea para hacer un post, aumentó tu desinterés por relacionarte con ese tipo de gente y de lugares, y seguro que mientras mas sales y tienes roces con esas personas quieres mas a tus gatos.

    Fue chistoso tu post, como siempre… Sigue escribiendo.
    Saludos.

  2. La primera vez lo hice para complacer a una buena amiga. Esta vez fui engañado, es una injusticia. Hay un comediante que me gusta mucho, se llamaba Bill Hicks, el tipo hablaba sobre “llenar tu joroba de odio”. Consiste en que, justo cuando crees que puedes soportar a la gente, vas a una discoteca y te re-demuestras lo contrario. Creo que mi joroba no estaba precisamente vacía y no lo necesitaba, ¡pero bueno!… creo que la idea del post tuvo su origen en que no tuve escapatoria. No quería beber y ya no se puede fumar en esos sitios.

    Gracias por tu comentario.

  3. Jajajajaja Loool, tienes toda la razón con todo.. más con lo de las mariconadas de las redes sociales “@kko” jajajaa
    de pana son unos mmg frustrados como los profesores..
    pondré tu blog entre mis blogs recomendados.. así esté empezando pero quien sabe? puede que alguien se anime 😀

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